SHANGHÁI (CHINA)

Shanghái parece un anacronismo: tradiciones milenarias y la versión más fría del futurismo conviven en un oasis que la juventud china admira por los valores que para ellos representa: modernidad, audacia y neones, muchos neones que a veces deslumbran.
31 de agosto de 2020

LA CHINA DE HOY

Por Eva López Alvarez

La primera impresión que tiene el viajero cuando llega a Shanghái es que poco, o nada, queda de un pasado en el que las potencias colonizadoras se repartieron la ciudad, siendo solo el capitalismo más agresivo el que se expresa a través de imponentes rascacielos, intensas luces de neón y masas de turistas que se agolpan para hacerse la foto ante el icónico skylne del distrito financiero.

Sin embargo, la ciudad esconde muchos más secretos que los bancarios y aún es posible trasladarse a un pasado impregnado del humo que emanaba de las pipas de opio y la calma de los parques donde aún suenan instrumentos milenarios. Porque Shanghái, si bien es completamente diferente de Pekín, no deja de ser un claro reflejo de lo que es la China de hoy en día.

La capital económica del país cuenta con dos aeropuertos: Pudong, ubicado a 30 kilómetros del centro es el más grande del destino, mientras que Hongqiao limita con la ciudad en su lado occidental y desde él se operan principalmente vuelos domésticos. Ambos están conectados con tren con el centro, siendo el más famoso el tren-bala o Maglev que recorre en siete minutos los 30 kilómetros que separan el aeródromo de la estación Longyang Road. Los pasajeros asisten expectantes al aumento de velocidad indicado en las pantallas y que no se reduce hasta lograr los 431 kilómetros por hora que le han hecho mundialmente conocido.

A 30 minutos por carretera del aeropuerto de Hongqiao se encuentra el National Exhibition and Convention Center (NECC). Es el recinto para ferias y grandes eventos más grande de Asia y el segundo más amplio del mundo. Fue inaugurado en 2018 por iniciativa gubernamental junto a la parada de metro que conecta directamente el complejo con el aeropuerto. 

Alberga cuatro pabellones, la llamada Plaza NECC, edificios de oficinas y un hotel: el Intercontinental Shanghai NECC cuenta 276 habitaciones y 44 suites,  spa y piscina interior, además de diez salas de reunión y un gran ballroom para banquetes de hasta 900 comensales.

En las cercanías, Meliá inauguró en 2017 el Meliá Shanghai Hongqiao, de cinco estrellas y 187 habitaciones, 45 de ellas con acceso al servicio The Level. Este distrito, en pleno desarrollo en torno al NECC, ya cuenta con espacios de referencia para los locales como la calle Lidoway, repleta de locales de restauración. Para eventos corporativos el hotel cuenta con cinco salas, todas con luz natural, y capacidades para grupos de entre doce y 300 personas en teatro. Una villa privada con jardín también se ofrece para operaciones MICE. En el jardín se organizan cócteles para grupos de hasta 180 invitados. Completan las instalaciones del hotel un spa y gimnasio con gran piscina, cuatro cabinas de masaje y la posibilidad de organizar clases de yoga y taichí para los grupos.

El grupo hotelero español cuenta con otro hotel al otro lado de la ciudad, a poca distancia a pie de Disneyland Park. El Meliá Shanghai Parkside es un hotel boutique de 88 habitaciones inspirado en el tradicional estilo arquitectónico Shikumen. 

Además del parque de atracciones, el vecino Century Park ofrece numerosas posibilidades para teambuilding relacionados con actividades sobre la hierba, salidas en bicicleta o remo en el lago de la mayor área verde de la ciudad.

El Radisson Blu Forest Manor Shanghai Hongqiao también ha nacido bajo el manto del inmenso NECC. Es un homenaje al neoclasicismo con un toque kitsch que cuenta con 439 habitaciones, todas con balcón y gran baño, y once espacios para eventos con capacidades entre 30 y 500 delegados en teatro. Para banquetes destacan los suntuosos salones The Dome y  Grand Ballroom, este último para 160 comensales. En torno a la piscina y la terraza se organizan con el buen tiempo cócteles para grupos de hasta 100 invitados. Es uno de los pocos hoteles resort con piscina de Shanghái y cuenta además con tres restaurantes chinos, gran piscina interior y spa.

Una ciudad de concesiones

No solo hoy Shanghái es uno de los centros comerciales del mundo. Ya lo fue en su primera época dorada, a finales del siglo XIX, cuando lo que era un pequeño pueblo en la desembocadura del río Yangtsé dejó de ser un enclave pesquero para llegar a ser lo que mucho denominaron el “París de Asia”. 

El Intercontinental Shanghai Ruijin se ubica la zona de la antigua Concesión Francesa y en un área arbolada, algo especialmente apreciable en esta ciudad. En esta parte de Shanghái aún se puede apreciar en algunas calles cómo era la ciudad que enamoró a personajes como Marco Polo antes de que verticalidad sin demasiado criterio llegase a inundar el destino. A la calle Ruijin o la Taikang Lu se asoman callejuelas repletas de tiendas y restaurantes que hoy reemplazan a los prostíbulos y fumaderos de opio que inundaron esta zona en los tiempos de la ocupación extranjera.

La estancia en el hotel, cuyo recinto ocupa más de 40 hectáreas, supone una inmersión en la historia de la ciudad. No solo ha recibido a huéspedes como Mao Zedong, también fue sede del Partido Comunista. El Grand Ballroom de 405 m2 sigue recibiendo algunos de los eventos con más alcurnia. En total son 13 las salas que ofrece para eventos. Cuenta 221 habitaciones, dos restaurantes y piscina cubierta.

Está próximo a Xintiandi, actualmente la zona más trendy de la ciudad: se trata de una reproducción de la antigua arquitectura local repleta de locales de restauración junto a los rascacielos de la avenida Huaihai, eje principal de la Concesión Francesa y famosa por sus árboles centenarios. 

Xintiandi es también el distrito más exclusivo en cuanto a la moda en Shanghái y alberga, paradojas de la Historia, la sede de la primera reunión del partido comunista chino. 

Shanghái vivió cien años de ocupación extranjera en forma de concesiones (o distritos controlados por las distintas colonias en los que el poder municipal no tenía ninguna injerencia) que hicieron de la ciudad un oasis dentro de la China comunista. Tras ir perdiendo poco a poco la importancia que llegó a adquirir a principios del siglo XX, entre otras cosas por el desprecio que suscitaba a muchos mandatarios comunistas, con la implantación del modelo “un país, dos sistemas” Shanghái volvió a relucir de nuevo. 

Oasis en China

Hoy vuelve a ser un oasis dentro de China, esta vez en forma de joya del capitalismo más agresivo y las inversiones más audaces desde el punto de vista inmobiliario. Todas las grandes empresas y bancos con intereses en el continente asiático están presentes en la ciudad. Y todos parecen rivalizar a la hora de impresionar a través de sus sedes.

Riberas del Huangpu

Se podría decir que dos mundos conviven separados por el río Huangpu. En la ribera oeste se encuentra el Shanghai tradicional, o lo que queda de él entre los rascacielos y modernos edificios. La ribera este simboliza a la perfección el nuevo Shanghái en su versión más feroz. 

La zona oeste alberga emblemas urbanísticos como la Plaza del Pueblo: suerte de Central Park local que aglutina algunos de los edificios más importantes de la ciudad y el parque Renmin. En la parte norte de la plaza, en el Gran Teatro los viajeros pueden compartir con las élites intelectuales locales sesiones de ópera, ballet o conciertos de música de cámara.

Este espacio que antiguamente albergaba un hipódromo es hoy la plaza principal de la ciudad, además de ser el corazón artístico y cultural de Shanghái. De ella parte la calle más famosa del destino: Nanjing Lu, que enlaza la plaza con el río a lo largo de un kilómetro y medio. Es la arteria comercial más antigua de la ciudad y seguramente la más famosa de todo el país.

El Sofitel Shanghai Hyland, en plena calle Nanjing, homenajea al Shanghái de los años 20 del siglo pasado y se ofrece como un oasis de exclusividad francesa combinada con el refinamiento chino. Ofrece 383 habitaciones y ocho espacios para eventos con capacidad para 440 delegados en teatro en el mayor.

Esta calle en la que hoy conviven edificios antiguos con enormes centros comerciales que figuran entre los más grandes de China es una auténtica oda a las compras que reúne cada día a miles de locales y turistas deseosos de consumir, principalmente al final del día y antes de alcanzar la orilla del río, también conocido como Paseo Marítimo o Bulevar Bund, desde donde admirar los rascacielos y luces de Lujiazui. Ambas riberas del río constituyen el distrito de Pudong.

El Bund es la ribera oeste del río Huangpu. Aún conserva los edificios que se fueron construyendo a principios del siglo XX como imponentes puertas de entrada a un mundo representando por los bancos que eligieron este paseo como sede junto al original e insalubre puerto. 

Hoy son imponentes recuerdos del pasado colonial que en su mayoría siguen ejerciendo de bancos, coronados por la bandera china. Parecen desafiar -mientras financian- desde el otro lado del río a lo que representa Lujiazui.

Lujiazui

Aquí se aglutinan los edificios de estilo futurista que definen el famoso skyline de Shanghái que sirve además de icono de la China que hace soñar a la juventud local que gasta horas haciéndose selfies en este lugar. 

Al mismo tiempo que miran sonrientes a la cámara de su móvil de última generación parecen mirar con desdén al resto del país, que consideran atrasado y poco moderno. Shanghai es para ellos y para el mundo claro ejemplo del diseño más actual en todas sus versiones y presumen sin complejos del cosmopolitismo de la ciudad.

Para los grupos en incentivo es ineludible el paseo por el río al atardecer, mientras los neones de Pudong y flashes que proceden del Bund van cambiando la luminosidad del ambiente. Parece increíble que en los año 90 del siglo pasado no había nada en este barrio más allá del poblado de agricultores que asistían a la masificación de la otra ribera del río Huang Pu. 

La joya del distrito es la llamada Perla de Oriente, más que una torre, un icono de Shanghái. La segunda esfera alberga el restaurante más alto de Asia y es uno de los tres miradores que se disputan las mejores vistas, junto a los vecinos Torre Jin Mao y el Shanghai World Financial Center ( o el “abrebotellas”).

El Grand Hyatt Shanghai ocupa los pisos 58 a 85 de la torre Jinmao y es por ello el hotel más alto del mundo, debajo del mirador que ocupa la planta 88. Las vistas en 360 grados son tan impresionantes como la velocidad a la que el ascensor alcanza los 340 metros de altura donde se encuentra. El hotel tiene 548 habitaciones y 2800 m2 de espacio para reuniones y eventos.

El mayor rascacielos de la ciudad es la Shanghai Tower, con su particular forma en espiral. Compite con la torre Burj Khalifa de Dubái sin vencer en altura pero sí en cuanto a lo que su mirador se refiere. Situado en las plantas 118 a 121, supera en siete metros la altura del observatorio árabe haciendo de las vistas de este lugar las panorámicas a más altura que se pueden conseguir en el mundo.

El Grand Kempinski Hotel Shanghai también está situado en el distrito de Lujiazui y un austero art déco emana de todos sus espacios, 686 habitaciones y salas para eventos con capacidad para 720 personas en la mayor.

La ciudad es el claro reflejo de la apuesta del gobierno chino por un capitalismo a ultranza sin renunciar al Partido Único. Y que este conviva con tradiciones ancestrales que el viajero se tropieza de una manera asombrosamente fácil. Y no solo a través de fastuosos edificios dedicados a homenajear al pasado o la cultura china, sino en sorprendentes dosis de realidad como las que transmiten los mayores que, pacientemente, dibujan en el suelo auténticas obras maestras de la caligrafía.

China milenaria

Por ejemplo, en parques como el de Renmin, donde los turistas se mezclan con los hombres de negocios y los ancianos que, impasibles, tocan instrumentos milenarios impregnando la atmósfera de un aroma a tradición que consigue no desentonar con el ambiente. El guzheng que muchos ancianos tocan en los parques es un auténtico símbolo de la cultura china y se toca desde hace nada más y nada menos que hace 2.500 años.

Otro lugar donde apreciar la China más popular es el Jardín y Mercado de Yuyuan, ocupando una antigua calle cubierta entre edificios restaurados que esconden la entrada a un jardín aristocrático considerado entre los más bonitos de la ciudad y del país. 

En épocas de gran afluencia de los turistas chinos es difícil apreciar la atmósfera que debieron conocer los primeros paseantes que frecuentaron el lugar en el siglo XVI. Dicen los locales que fue el gobernador de Sichuan quien encargó este remanso de paz para el disfrute de sus padres ya mayores. No hay que olvidar que todos los lunes del año está cerrado al público.

Son dos hectáreas divididas en varias secciones entre las que destaca el mirador de 14 metros desde el que admirar el diseño, la Gran Piedra de Jade de 3,3 metros de altura y el bello jardín interior de principios del siglo XVIII.  La calma del jardín contrasta con el bullicio del mercado, suerte de gran bazar en el que se mezclan objetos sin ningún valor y artesanías de calidad.

A pocos metros del mercado se encuentra el Templo del Dios de la Ciudad (Chenghuang Miao), considerado el corazón de la antigua Shanghái y espacio de culto más importante para los locales. Fue construido en el siglo XV y parece otro de esos anacronismos llenos de encanto que esconde este destino. Está dedicado a las tres deidades taoístas mas importantes de la ciudad.

Si bien la ciudad ha perdido gran parte de su historia tangible bajo el desenfrenado desarrollo inmobiliario, es posible que los grupos vivan la religiosidad china en éste y otros lugares de cultos como el céntrico templo budista de Jing´An, el del Buda de Jade o el de Longhua. Acceder a cualquier de ellos en bicicleta puede ser una actividad que permita hacer una inmersión en la vida local, aunque también implica riesgos por el incesante tráfico de coches y bicicletas que hay en prácticamente todo momento del día.

Un destino más sano

Shanghái cuenta 25 millones de habitantes  y la cantidad de proyectos en curso parece proporcional a la masa de población de alberga. La mayoría cuentan con unas dimensiones que sorprenden, al estilo del NECC, que abrió hace dos años siendo el mayor complejo ferial de Asia. 

La próxima proeza será la creación de un paseo al borde del río Yangtsé de ocho kilómetros de largo que se podrá recorrer también en bicicleta. Será inaugurado en octubre y contará con 10 estaciones de descanso. 

En paralelo se están construyendo dos kilómetros cuadrados de parque de libre acceso, en lo que se pretende será un nuevo pulmón para una ciudad que carece de aire puro.  Los nuevos espacios verdes serán colindantes a la estación de cruceros Shanghai Wusongkou. 

De hecho, uno de los upsgrades de las habitaciones consiste en incluir un purificador de aire en la estancia. No obstante, el gobierno chino declaró oficialmente en 2018 “la guerra a la contaminación” tras haber superado en 2013 el nivel cinco (seis es el más alto) en los índices de polución.

Se suponía que a partir de este momento ya no se priorizaba el desarrollo económico a cualquier precio medioambiental, incluyendo entre las medidas la eliminación de calentadores de carbón en las casas, la restricción de vehículos o el freno a nuevas centrales alimentadas con carbón en las áreas más contaminadas.

Sin entrar en el coste humano de estas acciones, cierto es que los poderes locales están apoyando el desarrollo de proyectos que, o bien doten a locales y turistas de más espacios verdes, o bien permitan recuperar áreas rurales. 

En esta línea ya existen pueblos al norte de la ciudad que ofrecen experiencias agrícolas y de educación sobre la naturaleza en un intento de dinamizar una zona deprimida y darle valor a los alrededores de Shanghái.

La aldea de Tangwan, en la ciudad de Luojing ha sido catalogada por el gobierno central como un “buen ejemplo” de desarrollo rural donde los visitantes pueden sumergirse en una realidad que parece de otro planeta cuando se pasea por el Bund.

En los alrededores

Son varias las excursiones a las afueras de la ciudad que suelen formar parte de los programas de incentivo. Una de las más llamativas es la que conduce, en un programa de medio día, a la Ciudad de Agua Zhujiajiao. Los visitantes pueden navegar por canales que datan de hace 1.700 años, visitar casas tradicionales o disfrutar de la atmósfera local durante un paseo. 

Suzhou y Zhouzhuang son otras dos ciudades acuáticas. Su origen remonta a hace 900 años y las casas tradicionales están muy bien conservadas. Pueden ser el lugar ideal para vivir una ceremonia del té y se puede incluir en el recorrido la visita de una fábrica de tejidos de seda. 

No todos saben que la famosa ceremonia del té en Japón tiene sus orígenes en China. Cuenta la leyenda que en el año 2373 a.C. un emperador se sentó fatigado bajo la sombra de un árbol. Tras quedarse dormido mientras había puesto a calentar agua en un cuenco, descubrió que unas hojas habían caído en el. No obstante, decidió tomarse el contenido con la infusión que se había formado y se sintió, a pesar del sabor un tanto amargo, reconfortado y enérgico.

No fue hasta muchos siglos más tarde cuando se consolidó la ceremonia del té como tal, pero en Shanghái se cuenta que el carácter medicinal que se le adjudicó desde un principio remonta a esta historia que allí consideran real.  Es otra más de las historias ligadas a la cultura china que pueden servir de eje en una búsqueda del tesoro. 

Deportes ancestrales

Los grupos profesionales no pueden dejar China sin haber vivido una sesión de taichí. Los hoteles que disponen de jardín proponen esta actividad que también se puede organizar en interior. 

No hace falta encontrarse en una determinada forma física para experimentar este ejercicio de movimientos suaves y moderados que fomenta el equilibrio, la fuerza, la flexibilidad y la resistencia muscular. 

Se trata de un arte marcial milenario cuyo objetivo es conseguir relajar la mente, reduciendo el estrés a través de la gestión del peso que, a diferencia de en el yoga, siempre recae en las piernas.

Es muy recomendable para abstraerse del ritmo frenético y el ruido del centro de Shanghái y recordar una China que la ciudad no solo parece haber olvidado sino de la que mucha juventud reniega. Sin duda forma parte de una evolución y de que hace que la China de hoy sea un conglomerado de fascinantes contrastes y contradicciones.

Teambuilding en Shanghái

Cocinando har gow
Las famosas empanadillas de gambas son uno de los platos más famosos de la gastronomía china. Su elaboración es sencilla, pero la colocación para una presentación óptima utilizando únicamente palos puede convertirse en un auténtico reto.

Business Challenge
Partiendo del hotel hacia la Bund Custom House, los grupos deben encontrar las pistas que les llevarán a encontrar la carga que deben conducir hasta el destino final, teniendo en cuenta variables como las tarifas, aduanas… ¡y los ataques!

Música ancestral
Aprender a tocar aunque sea una corta melodía en instrumentos ancestrales que se usan actualmente como hace 2.500 años, seguido de un pequeño concierto, es una auténtica inmersión en la historia china, además de un momento musical inolvidable.

Puzzle local
Una buena manera de descubrir todo lo que esconde la Plaza del Pueblo es utilizarla como base real de un puzzle cuyas piezas los participantes deben ordenar en función de la velocidad a la que consigan localizar dónde se ubica cada “pieza”.

 

El destino del opio

El opio fue el arma con la que el imperio colonial británico intentó doblegar a China entre los años 1839 y 1842. Este estupefaciente se cultivaba en la India y fue introducido en China por la Compañía Británica de las Indias Orientales.

La rápida extensión de su consumo se convirtió en una importante fuente de ingresos para los británicos, así como un declive sin precedentes en la sociedad local. Los fumaderos de opio, establecimientos donde se vendía y fumaba opio, se empezaron a multiplicar sin ningún tipo de control, condenando a la miseria a muchísimos trabajadores chinos. Aún se asocian a Shanghái los clientes reclinados sosteniendo largas pipas de opio sobre las lámparas de aceite que se utilizaban para calentar la droga e inhalar su vapor.

En consecuencia, el gobierno chino impuso su abolición, lo que provocó el enfrentamiento con la potencia colonial. La derrota china se firmó en el Tratado de Nanking, que obligaba a China a aceptar el libre comercio, incluyendo el opio, con Inglaterra a través de cinco puertos en el país entre los que se contaba Shanghái. Se añadió al tratado la cesión de la isla de Hong Kong durante 150 años.

Información práctica
Moneda Yuan (RMB)
Huso horario GMT +8
Tipo de enchufe
Clavijas tipo A / C / I – Voltaje común 220 V
Aeropuerto más cercano Pudong (PVG)
Hongqiao (SHA)

Más información
SHANGHAI MUNICIPAL TOURISM ADMINISTRATION
Patrick Chen – Director de Promoción Internacional
Tel. +86 21 2311 5523
woya@meet-in-shanghai.net
www.meet-in-shanghai.net

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